VIDA

REFUGIO NATURAL

ESPACIOS

REFUGIO NATURAL

ESPACIO ANCESTRAL Y
MÁGNETISMO ARQUITECTÓNICO

El desierto genera un magnetismo y un misterio que nos envuelve al momento de contemplarlo. En él podemos encontrar sensaciones totalmente distintas y lograr una conexión real con lo natural, aunque la ciudad no se encuentre a más de una hora en automóvil. Durante estos meses ¿ quién no ha necesitado un espacio así? El arquitecto Enrique Leguía nos presenta su proyecto de vida, en la cima de Lurín, donde integra la energía del Apu en su diseño arquitectónico.

A 45 km de la capital, Enrique Leguía encontró un lugar especial, lejos de la rutina inagotable. En lo alto del cerro del pueblo de Bella Vista, un sitio ideal que hace justicia al nombre: un paisaje del valle con vista a la ciudadela de Pachacamac y al mar. En donde, no tan lejos de la zona, también reposa una pequeña catedral construida sobre una huaca. Un lugar que brinda una esencia de serenidad y conexión profunda con la naturaleza, por lo que -inmediatamente- fue la causante de que Enrique Leguía decidiera quedarse por más de 14 años.

Bajo la protección del Apu, que en quechua significa “señor”, se encuentra la casa inspirada en el mismo espíritu del lugar. Respetando los materiales y la esencia del cerro, se edifica una casa dentro de 5 hectáreas de terreno. Predomina el uso de la piedra y del agua, que, mezclado con cierta estética colonial y practicidad moderna, logra combinar la naturaleza y conservar el misticismo del primer día. Todos los espacios son creados o recuperados de su antigua casona limeña. Por ello, cada pieza contiene una historia que no se restaura si no que se aprecian con sus imperfecciones, algo que le brinda un espíritu aún más humano al lugar.

Esto se complementa con el rescate de la tierra con ayuda de los mismos pobladores. Entender el terreno salitroso y crear un paisaje en todo el lugar con conocimiento ancestral, no solamente para él, sino para toda su comunidad. Por ello, también se asume la siembra de 800 árboles y un parque de esculturas. Es por eso que Enrique Leguía lo llama el gran proyecto de su vida.

“Me ha sensibilizado con los materiales y me ha alejado de la idiosincrasia limeña que es un poco elitista, un poco frívola. He cambiado mi mentalidad”, reflexiona el arquitecto. La fuerza del Apu lo acompaña en un camino que aún no termina. Ha creado un espacio maravilloso fusionado resaltando lo especial de la naturaleza y un absoluto respeto por la misma. La transformación y la adaptación es parte del ciclo de vida y esto se entiende también para siempre poder estar con constante cambio y mejora

El desierto genera un magnetismo y un misterio que nos envuelve al momento de contemplarlo. En él podemos encontrar sensaciones totalmente distintas y lograr una conexión real con lo natural, aunque la ciudad no se encuentre a más de una hora en automóvil. Durante estos meses ¿ quién no ha necesitado un espacio así? El arquitecto Enrique Leguía nos presenta su proyecto de vida, en la cima de Lurín, donde integra la energía del Apu en su diseño arquitectónico.

A 45 km de la capital, Enrique Leguía encontró un lugar especial, lejos de la rutina inagotable. En lo alto del cerro del pueblo de Bella Vista, un sitio ideal que hace justicia al nombre: un paisaje del valle con vista a la ciudadela de Pachacamac y al mar. En donde, no tan lejos de la zona, también reposa una pequeña catedral construida sobre una huaca. Un lugar que brinda una esencia de serenidad y conexión profunda con la naturaleza, por lo que -inmediatamente- fue la causante de que Enrique Leguía decidiera quedarse por más de 14 años.

Bajo la protección del Apu, que en quechua significa “señor”, se encuentra la casa inspirada en el mismo espíritu del lugar. Respetando los materiales y la esencia del cerro, se edifica una casa dentro de 5 hectáreas de terreno. Predomina el uso de la piedra y del agua, que, mezclado con cierta estética colonial y practicidad moderna, logra combinar la naturaleza y conservar el misticismo del primer día. Todos los espacios son creados o recuperados de su antigua casona limeña. Por ello, cada pieza contiene una historia que no se restaura si no que se aprecian con sus imperfecciones, algo que le brinda un espíritu aún más humano al lugar.

Esto se complementa con el rescate de la tierra con ayuda de los mismos pobladores. Entender el terreno salitroso y crear un paisaje en todo el lugar con conocimiento ancestral, no solamente para él, sino para toda su comunidad. Por ello, también se asume la siembra de 800 árboles y un parque de esculturas. Es por eso que Enrique Leguía lo llama el gran proyecto de su vida.

“Me ha sensibilizado con los materiales y me ha alejado de la idiosincrasia limeña que es un poco elitista, un poco frívola. He cambiado mi mentalidad”, reflexiona el arquitecto. La fuerza del Apu lo acompaña en un camino que aún no termina. Ha creado un espacio maravilloso fusionado resaltando lo especial de la naturaleza y un absoluto respeto por la misma. La transformación y la adaptación es parte del ciclo de vida y esto se entiende también para siempre poder estar con constante cambio y mejora

CRÉDITOS

Redacción: María Emilia Maldonado

Fotografía: Aníbal Collantes 

Editora principal: Diana Dávila León

Producido por: Qora Studio

Agradecimientos especiales: Enrique de Leguía